Porque ser fuerte implica ser valiente y no rendirse, y es importante transmitirlo a los hijos. Porque su padre y su madre son ese primer escenario social. Su primer “mundo” y el que siempre les acompañará estén donde estén.
Descubre: Ser madre es tener el corazón fuera del cuerpo
El amor de un hijo es un amor sin fecha de caducidad
Hay amores que duran para siempre, que son eternos como, por ejemplo, el amor hacia los hijos.
Si bien es cierto que en algún momento pueden aparecer las decepciones, el vínculo que se construye con un hijo suele ser imperecedero.
- Ellos cambiaron tu vida en cuando llegaron a este mundo. Te obligaron a crecer por dentro y a ser responsable.
- Te permitieron entender que tus palabras tienen poder a la hora de educar, que tus caricias eran importantes, que tus abrazos ayudaban día a día a crecer a un niño que temía la oscuridad, que ansiaba compartir tiempo contigo.
- Podríamos decir que la crianza de un niño nos obliga también a educarnos a nosotros mismos. Buscamos siempre lo mejor para nuestros hijos, y por ello, medimos nuestros actos y creamos ambientes propicios para que crezcan felices.
- Aprendemos de alimentación, de psicología y de medicina. Somos constructores de castillos y diseñadoras de ropa para muñecas…
- Somos confidentes, pañuelos de lágrimas, tenemos magia para borrar pesadillas y monstruos de debajo de la cama, y nos convertimos en chefs de los postres favoritos de nuestros hijos.
Los niños crecen cada día, pero también nosotros crecemos con ellos. Porque son nuestra debilidad, porque son nuestro corazón fuera del cuerpo y el aliento de nuestras esperanzas.
Y, aunque no puedas prometerles que estarás con ellos el resto de sus vidas, sí puedes decirles que les querrás el resto de la tuya.
Nota: para más información sobre las emociones que despiertan los hijos, puedes consultar la bibliografía.
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